TIPOS DE LANA

ALPACA:

El vellón de Alpaca es la fibra natural que se obtiene de la alpaca, y es similar en estructura a la fibra de lana de las ovejas. Su suavidad proviene del diámetro pequeño de la fibra, similar a la lana merino. Es una fibra natural suave, durable, lujosa y sedosa. La lana de alpaca no se fieltran o producen pelusa fácilmente, y puede ser liviana o pesada en peso, dependiendo de cómo es hilada. Aunque es similar a la lana de las ovejas, es más cálida, no causa escozor, y no tiene lanolina, lo que la hace hipoalergénica.

OVEJA:

Las fibras de lana provienen de la piel de las ovejas y son relativamente fibras duras. Dos características principales de la lana son su susceptibilidad al calor y su propiedad de fieltrado, causadas por las escamas en la superficie. Dependiendo de la raza de las ovejas, la apariencia de la lana varía.
La lana de las ovejas MERINO es considerada el tipo de lana más fino, teniendo como características que es delicadamente rizada y suave.
La lana virgen es la lana producida directamente del vellón del animal, y no es reciclada de prendas de lana existentes. La lana lavable en la lavadora es lana tratada químicamente para minimizar la capa velluda externa de las fibras para que sea, consecuentemente, adecuada para el lavado en la máquina lavadora (Superwash).

MOHAIR:

Esta fibra proviene de las cabras Angora y es considerada una fibra de lujo. La lana Mohair es cálida como la lana, pero mucho más ligera en peso; y no se fieltra fácilmente. Las fibras mohair también tienen un brillo distintivo creado por la forma como reflejan la luz. A pesar de ser una fibra dura, el mohair es usualmente hilado en una lana muy mullida, resultando en prendas livianas y lustrosas.

CUIDADOS

1. NO LAVES LA PRENDA TRAS CADA USO. 
Muchas veces la lana, precisamente por su composición, puede retener olores, pero eso no significa que esté sucia. Este tipo de prendas no se deben lavar de forma tan habitual y muchas veces basta sólo con airearlas.

2. NO LA FROTES CONTRA SÍ MISMA. 
Si lavas a mano,  no se te ocurra frotarla contra sí misma, porque el tejido se convertirá en fieltro y/o podrán salirte esas molestas bolitas por la prenda. El agua no debe superar los 30º. Además, debes utilizar para ello un detergente específico, suave y poco agresivo. Algunas lavadoras incorporan ya directamente uno dedicado al cuidado de la lana, lo que garantiza un lavado delicado y un buen resultado. ¡Y un truco importante! Utiliza un detergente suave y, sobre todo, no añadas SUAVIZANTE.

3. TIÉNDELA EN HORIZONTAL. No hace falta escurrir ni retorcer la prenda antes. Lo mejor es que la coloquemos en horizontal, encima de una toalla, y dejar que ésta vaya absorbiendo el agua sobrante. Lo que sí podemos hacer es envolverla con la propia toalla, apretar y volver a dejarla en posición horizontal y, a ser posible, en un lugar ventilado.

4. NO PLANCHAR. Las irregularidades de la prenda se corregirán después del lavado.

¡ATENCIÓN!

Ya limpios y secos los jerséis no han de colgarse en una percha… nunca. La manera correcta de guardarlos será doblados y evitando el peso excesivo encima para que las fibras puedan respirar.

El mejor detergente en caso de manchas es la rapidez. “Las fibras naturales absorben enseguida las sustancias y en esos casos lo que necesitamos es un proceso exhaustivo, evitando frotar para que no se apelmace, pero tratando la mancha inmediatamente para evitar su fijación mediante un jabón especial, para este tipo de prendas cuyo ph es ácido”. Si realizamos adecuadamente este tratamiento podremos evitar lavar todo la prenda y limitarnos a eliminar la mancha. Si no, seguramente no nos libraremos de acudir a servicios profesionales de limpieza en seco.